Cuando el juego funciona en serio.
Durante un reciente evento de juego en Grottammare ( Italia) , tuve la oportunidad de observar, una vez más, qué sucede cuando el juego se piensa como un dispositivo educativo y no como simple entretenimiento.
Una niña de siete años jugó a Invisibile hasta la última carta. Literalmente: no quedó ni una sobre la mesa. El tiempo se dilató, la atención permaneció viva y el juego funcionó de principio a fin. Poco después, otra niña se detuvo. Ante la pregunta: “Dime algo que te guste de ti”, le costó responder. No por falta de vocabulario, sino porque ese tipo de reflexión no es tan evidente, ni siquiera a los siete años.
Estos momentos no son “resultados” que debamos medir. Son señales educativas.
El juego nunca es neutro
Cada juego activa dinámicas diferentes. Algunos facilitan la narración, otros ponen de manifiesto las dificultades y otros abren preguntas que permanecerían cerradas en otros contextos. Por este motivo, en In Ludus, el juego nunca se elige al azar.
La selección de los materiales, de las preguntas y de las mecánicas se realiza siempre en relación con:
- La edad de las personas involucradas.
- El contexto (colegio, biblioteca, espacio educativo, comunidad).
- Los objetivos pedagógicos.
El juego, cuando está bien diseñado, no simplifica: hace accesible.
Jugar como adultos: el saber y el no-saber
Durante el mismo evento, propuse Ciclique a un grupo de mujeres adultas. Fue interesante observar cómo, también en este caso, el juego hizo emerger saberes consolidados sobre el cuerpo y la menstruación, pero también muchos «no-saberes», silencios e incertidumbres.
El juego no proporcionó respuestas precocinadas, sino que creó un espacio para nombrar lo que a menudo queda implícito. Este es uno de los aspectos más potentes del juego educativo: legitima las preguntas.
El juego como elección de diseño
Mi trabajo en In Ludus se sitúa precisamente aquí: en el diseño de experiencias lúdicas basadas en contenidos científicos, pero con una sólida base didáctica y pedagógica. El juego se convierte en una herramienta para:
- Iniciar conversaciones complejas.
- Sostener procesos de educación afectivo-sexual.
- Acompañar a niños, adolescentes y adultos.
Esta perspectiva nace de años de experiencia en el sector, también en la formación de profesionales como matronas y educadoras, y de una escucha constante de los contextos reales.
¿Por qué jugar hoy?
En un tiempo en el que la educación corre el riesgo de reducirse a mera información, el juego abre un espacio diferente.
El juego no enseña qué pensar; crea las condiciones para pensar juntos.
Y es precisamente en ese espacio compartido donde la educación puede volver a ser una experiencia real.
