Reflexión para el Mes de la Salud Menstrual

Hablar sobre el ciclo menstrual: porqué la propia experiencia cuenta

En el Mes de la Salud Menstrual, una reflexión sobre cómo nuestras experiencias, los tabúes y las palabras que asociamos con la menstruación influyen en la forma en que hablamos de ella con los otros.

Tuve mi primera menstruación cuando tenía casi 14 años.

De repente, apareció una mancha marrón en las bragas. Aunque ya me habían informado de ello, me impactó de todos modos. Tras ese primer episodio, la regla no me volvió a bajar durante unos seis meses. Y cuando volvió, el sangrado duró casi una semana: abundante, doloroso, difícil de ignorar.

Recuerdo haber pensado: «¿Siempre será así?»

A menudo vuelvo a pensar en esta pregunta cuando trabajo en torno al tema de la pubertad y el ciclo menstrual. Porque hablar del ciclo no significa solo transmitir información correcta. Cuando abordamos estos temas —ya sea como profesores, profesionales de la salud, educadores o padres— siempre traemos con nosotros también nuestra propia historia personal.

Reflexiones en el mes de la Salud Menstrual

Mayo es el mes dedicado a la salud menstrual y el 28 de mayo se celebra el Día Internacional de la Higiene Menstrual. Es una buena ocasión para detenernos un momento y reflexionar no solo sobre lo que sabemos del ciclo, sino también sobre cómo lo hemos vivido, denominado o evitado a lo largo del tiempo.

Para algunas personas, la menstruación ha estado acompañada de silencios, vergüenza o incomodidad.
Para otras, de información confusa, bromas, miedo o falta de diálogo.
E incluso quienes nunca han tenido la menstruación se han formado imágenes, ideas y representaciones sobre el tema al observarlo desde fuera.

Estas experiencias no quedan al margen cuando trabajamos con adolescentes, grupos o familias. Se reflejan en nuestras palabras, en nuestros silencios, en las actividades que elegimos y en las preguntas que aceptamos o evitamos.

Por eso, en los itinerarios educativos que diseño, uno de los primeros pasos no es elegir directamente una actividad o preparar una presentación. El primer paso es intentar analizar nuestra propia visión del ciclo. No para juzgarnos ni para «dar con la respuesta correcta», sino para reconocer desde dónde hablamos.

A menudo pensamos que abordar estos temas significa, sobre todo, saber muchas cosas. En realidad, una parte importante del trabajo educativo consiste también en crear un espacio en el que se pueda hablar del cuerpo sin vergüenza y sin miedo a equivocarse. Y es difícil crear ese espacio si antes no nos concedemos un momento para escucharnos a nosotros mismos.

Romper tabues en el mes de la salud menstrual

Te propongo un pequeño ejercicio: coge una hoja de papel y escribe al menos tres palabras que te vengan a la mente cuando pienses en la menstruación.

No busques las palabras «adecuadas», no las analices enseguida. Limítate a observar lo que surge.

Si pienso en mi experiencia, las primeras palabras que me vienen a la mente son: molestia, incomodidad, disgusto. Solo mucho más tarde, con el paso del tiempo, se sumó otra palabra: apropiación.

Y quizá ese sea precisamente uno de los aspectos más interesantes del trabajo educativo en torno al ciclo menstrual: comprender que la forma en que lo nombramos y lo vivimos puede cambiar.

Si te interesa profundizar en el tema del ciclo menstrual y la pubertad, en el blog también encontrarás otras reflexiones y recursos dedicados a estos temas.

🌿 Una propuesta para replantearse la forma en que el ciclo menstrual se integra en la escuela:LINK AQUÍ

🌿Una reflexión sobre cómo normalizar el tema de la menstruación en la vida cotidiana: LINK AQUÍ

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