¿Cuál es la mejor manera de abordar la educación sexual en los primeros años?
La educación sexual en la primera infancia es un proceso fundamental que comienza desde los primeros años de vida. Si tenemos en cuenta que los tres primeros años son una etapa clave de aprendizaje, resulta imprescindible reflexionar sobre cómo acompañar este desarrollo de forma respetuosa, consciente y adecuada al ritmo evolutivo de cada niño y cada niña
Durante este periodo se construye el vínculo con las personas cuidadoras y se sientan las bases del lenguaje, el movimiento, la alimentación, la confianza y la relación con el propio cuerpo. Todos estos procesos, aunque naturales, necesitan de la presencia sensible de un adulto capaz de observar, escuchar e interpretar las señales de cada niño y cada niña.
Hablar de educación sexual en la primera infancia no significa adelantar contenidos, sino acompañar el desarrollo desde el respeto, el cuidado y el reconocimiento del otro como persona.
Adultocentrismo: cuando los adulto no ven a la infancia
¿Por qué es importante detenernos en este punto?
Porque el adultocentrismo, es decir, la tendencia a mirar el mundo únicamente desde la perspectiva adulta, a menudo nos impide ver a niños y niñas en su singularidad.
Esto ocurre en la familia, en la escuela e incluso en los espacios sanitarios.
Históricamente, la infancia ha sido tratada más como objeto de cuidado que como sujeto de derechos.
Hasta el siglo XVIII, por ejemplo, los niños se vestían como adultos. La psicoanalista Françoise Dolto relata que las cintas cosidas a la ropa —supuestamente para ayudarles a caminar— llegaron a usarse para mantenerlos suspendidos mientras los adultos trabajaban.
Aunque hoy estas prácticas nos resulten impensables, todavía persisten formas de control que no siempre respetan el cuerpo ni los límites de la infancia.
¿Qué demuestra todo esto? Que la infancia ha sido —y a menudo sigue siendo— considerada objeto de cuidado y protección, pero no sujeto de derechos.
Reconocer a los niños como sujetos de derecho
El primer paso imprescindible para una educación sexual y afectiva respetuosa en la primera infancia es reconocer que los niños y las niñas son personas, no adultos en miniatura ni objetos que se pueden manipular.
Como señala Elisenda Pascual Martí, «la educación respetuosa es la idea radical de que los niños son personas».
Partir de esta premisa transforma profundamente la manera en que acompañamos su desarrollo.
¿Qué implica esto en la vida cotidiana?
1️⃣El cambio de pañales como experiencia relacional
Durante el cambio de pañal, tanto en casa como en la escuela infantil, es fundamental no manipular el cuerpo del niño o la niña sin avisar..
Aunque todavía no hablen, el vínculo se construye a través de la mirada, el tono de voz, las pausas y los gestos. Estos pequeños actos transmiten dignidad, seguridad y presencia.
En estas interacciones se forma la base del sentido del propio cuerpo, de los límites personales y de la diferencia entre uno mismo y los demás.
2️⃣ Educación sexual temprana y prevención del abuso
Cuando los niños y niñas son reconocidos como sujetos, pueden:
- Comprender qué partes de su cuerpo les pertenecen
- Saber que nadie puede tocarles sin su consentimiento
- Aprender a decir NO sin miedo a perder el afecto
Estos aprendizajes constituyen uno de los pilares fundamentales de la prevención del abuso sexual infantil, y comienzan mucho antes de cualquier explicación verbal.
3️⃣ Crecer sin violencia también es educación sexual
Un entorno familiar o educativo sin gritos, castigos ni violencia, incluso aquella que se suele normalizar como “leve”, forma parte de la educación sexual y afectiva.
El adultocentrismo lleva a muchos adultos a ejercer poder simplemente por ser mayores.
Esta jerarquía aparece reflejada de forma clara en la película Matilda, cuando el padre afirma:
«Yo soy grande, tú eres pequeña. Yo tengo razón, tú estás equivocada…».
.Criarse en un entorno así puede llevar a niños y niñas a:
- Normalizar la violencia
- Pensar que la merecen
- Aprender que quien tiene poder puede hacer daño.
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4️⃣Antes de enseñar, revisemos el rol del adulto.
Antes incluso de pensar en materiales, actividades o recursos didácticos, el paso más importante es revisar nuestra mirada sobre la infancia.
No necesitamos un manual si antes no transformamos nuestra postura:
desde poder → al cuidado,
del control → a la relación,
desde el adultocentrismo → al reconocimiento del otro como persona.
Esta es la base de cualquier propuesta coherente de educación sexual en la primera infancia.
Y tu que opinas?
La educación sexual empieza en los pequeños gestos cotidianos.
Me encantaría leer tus reflexiones y conocer tu punto de vista sobre este tema tan importante.
