En la entrada anterior hablamos de la primera infancia, ese periodo que va desde el nacimiento hasta los tres o cuatro años aproximadamente.
Pero, ¿qué debemos tener en cuenta cuando los niños y las niñas crecen? ¿Qué temáticas pasan a ser centrales al abordar la educación sexual en la escuela primaria?
Aunque sigue vigente lo que ya hemos comentado —la necesidad de revisar nuestro rol como adultos y la mirada con la que observamos (o dejamos de observar) la infancia—, te propongo tres grandes ejes que no podemos evitar abordar.
Favorecer la autonomía: un derecho y un proceso
Uno de los artículos fundamentales de la Convención sobre los Derechos del Niño habla claramente de la promoción de la autonomía progresiva. Esto es el aprendizaje, etapa tras etapa, de todo aquello que permite a los menores reconocerse como sujetos de derecho.
Desde la perspectiva de la educación sexual, esta autonomía se traduce en ofrecerles información clara y veraz sobre los cambios que acompañan al crecimiento. Por ejemplo:
- Por qué se caen los dientes de leche en torno a los seis años.
- Qué es una polución nocturna (que puede presentarse hacia los nueve o diez años).
- Cómo se llaman los genitales por sus nombres científicos, sin recurrir a eufemismos que sugieren —incluso sin querer— que la sexualidad debe ocultarse o minimizarse.
Apropiarse de estos saberes no solo amplía su conocimiento, sino que les da poder sobre su propio cuerpo. Esto es esencial para prevenir situaciones de abuso, expresar qué les gusta o qué no, establecer límites claros y reconocer qué les produce bienestar o malestar.

Acompañar el crecimiento sin acelerarlo
El segundo punto se refiere a nuestra capacidad como adultos para acompañar sin anticipar etapas del desarrollo.
El mundo contemporáneo tiende a transformar a niños y adolescentes en consumidores. El mercado los identifica como clientes potenciales y, como consecuencia, muchas prácticas se aceleran. Algunos ejemplos:
- ¿Es necesario que el cumpleaños de niños de diez años incluya bola de discoteca, luces estroboscópicas y baile como si fuera un local nocturno?
- ¿Tiene sentido que se vistan como si fueran adultos? ¿O que las niñas hagan rutinas de skincare cuando su piel aún no lo necesita?
Estoy convencida de que no. Como adultos, podemos acompañar el crecimiento sin empujarlos hacia etapas que llegarán a su debido tiempo, sin invitarlos a interpretar roles o comportamientos que pertenecen a otras fases de la vida.
Hablar de sexualidad con naturalidad
El tercer punto fundamental es hablar de sexualidad con naturalidad, sin esperar a «la gran conversación» y sin convertir el tema en un tabú o en un monólogo adulto no solicitado. Esto significa:
- Estar disponibles para escuchar sus dudas.
- Hacer repreguntas cuando no esté claro qué nos están pidiendo.
- Ofrecer la información que solicitan, ni más ni menos.
- Evitar explicaciones excesivas cuando su curiosidad se centra en aspectos muy concretos.
No hace falta explicar todo el universo de la sexualidad si la pregunta real es: «¿Cómo llega un bebé a la tripa?». La naturalidad, la medida y la escucha son mucho más eficaces que cualquier lección magistral.
¿Y tú? ¿Añadirías otros puntos para esta etapa?
Me interesa conocer tu punto de vista: ¿qué temas consideras esenciales para acompañar a los niños y niñas de primaria en una educación sexual y afectiva sana, respetuosa y no adultocéntrica?
